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El informe del Barómetro Global de Felicidad, según el cual en Colombia vive la gente más feliz del mundo, fue cuestionado en Bogotá por el antropólogo y doctor en sociología Fabián Sanabria.
En entrevista con www.caracol.com.co, el doctor Sanabria dijo que es un estudio que metodológicamente no está bien hecho y del cual no se puede sacar la conclusión de que no hay un país igual de alegre a Colombia.
Aseguró que si se obtuvo este resultado es porque la gente tiende a ser muy conformista y a no preocuparse por los grandes problemas del diario vivir, como las inundaciones en Barranquilla o las basuras en Bogotá.

¿POR QUÉ CARAJOS SOMOS FELICES?

Camilo Herrera Mora
Presidente Raddar
camiloherrera@raddar.net


RESUMEN EJECUTIVO

En las investigaciones sobre felicidad en los últimos 10 años, Colombia siempre queda listado entre los diez primeros países, cambiando de posición solamente por la metodología que se utilice. Esto nos lleva a hacernos dos preguntas fundamentales, ¿Por qué somos tan felices?, y la segunda, ¿esto de que nos sirve?

La economía desde mediados de los setentas hasta la semana pasada con el lanzamiento de “Gross National Happines” dejo ver que tiene una deuda, porque las mediciones de bienestar tradicionales se han quedado cortas en explicar situaciones como por qué algunos los pobres son felices y algunos ricos son desdichados.

Sin duda, el dinero no hace la felicidad, pero entonces, ¿a que llama la gente felicidad?, esta es la pregunta clave para comenzar con este debate. Al parecer la felicidad para las personas es un estado de tranquilidad y para otros un escenario de cumplimientos de metas; esto nos muestra la diferencia de percepción sobre esta emoción, más ambos tienen en común que la felicidad es un estado de calma y plenitud ante la satisfacción por un logro.
¡Contamos Contigo!
Encuesta del Grupo de Observación para el Desarrollo del Ocio Cultural de la Facultad de Salud de la Universidad Surcolombiana. El Ocio Cultural No Se Impone, El Ocio Cultural se Disfruta en Compañía

Para Disfrutar de Salud, Vida y Alegria en Tu Tiempo Libre

Teatro, ajedrez, deportes, tertulias, cuenteros, canto, música, cine, cine club, gimnasio, aeróbicos, murales, pintura, danzas, derechos humanos, comunicación social, bilingüismo y lo que yo, tu, él, nosotros, vosotros y ellos nos inventemos para pasarla rico y sanamente.
Sr. Presidente de la República

Tengo la impresión de que cada vez que los países caribeños y latinoamericanos se reúnen con el presidente de los Estados Unidos de América, es para pedirle cosas o para reclamarle cosas. Casi siempre, es para culpar a Estados Unidos de nuestros males pasados, presentes y futuros. No creo que eso sea del todo justo.
No podemos olvidar que América Latina tuvo universidades antes de que Estados Unidos creara Harvard y William & Mary, que son las primeras universidades de ese país. No podemos olvidar que en este continente, como en el mundo entero, por lo menos hasta 1750, todos los americanos eran más o menos iguales: todos eran pobres.
Cuando aparece la Revolución Industrial en Inglaterra, otros países se montan en ese vagón: Alemania, Francia, Estados Unidos, Canadá, Australia, Nueva Zelanda… y así la Revolución Industrial pasó por América Latina como un cometa, y no nos dimos cuenta. Ciertamente perdimos la oportunidad.
También hay una diferencia muy grande. Leyendo la historia de América Latina, comparada con la historia de Estados Unidos, uno comprende que Latinoamérica no tuvo un John Winthrop español, ni portugués, que viniera con la Biblia en su mano dispuesto a construir “una Ciudad sobre una Colina”, una ciudad que brillara, como fue la pretensión de los peregrinos que llegaron a Estados Unidos.
Hace 50 años, México era más rico que Portugal. En 1950, un país como Brasil tenía un ingreso per cápita más elevado que el de Corea del Sur. Hace 60 años, Honduras tenía más riqueza per cápita que Singapur, y hoy Singapur –en cuestión de 35 ó 40 años– es un país con $40.000 de ingreso anual por habitante. Bueno, algo hicimos mal los latinoamericanos.
¿Qué hicimos mal? No puedo enumerar todas las cosas que hemos hecho mal. Para comenzar, tenemos una escolaridad de 7 años. Esa es la escolaridad promedio de América Latina y no es el caso de la mayoría de los países asiáticos. Ciertamente no es el caso de países como Estados Unidos y Canadá, con la mejor educación del mundo, similar a la de los europeos. De cada 10 estudiantes que ingresan a la secundaria en América Latina, en algunos países sólo uno termina esa secundaria. Hay países que tienen una mortalidad infantil de 50 niños por cada mil, cuando el promedio en los países asiáticos más avanzados es de 8, 9 ó 10.
Nosotros tenemos países donde la carga tributaria es del 12% del producto interno bruto, y no es responsabilidad de nadie, excepto la nuestra, que no le cobremos dinero a la gente más rica de nuestros países. Nadie tiene la culpa de eso, excepto nosotros mismos.
En 1950, cada ciudadano norteamericano era cuatro veces más rico que un ciudadano latinoamericano. Hoy en día, un ciudadano norteamericano es 10, 15 ó 20 veces más rico que un latinoamericano. Eso no es culpa de Estados Unidos, es culpa nuestra.
En mi intervención de esta mañana, me referí a un hecho que para mí es grotesco, y que lo único que demuestra es que el sistema de valores del siglo XX, que parece ser el que estamos poniendo en práctica también en el siglo XXI, es un sistema de valores equivocado. Porque no puede ser que el mundo rico dedique 100.000 millones de dólares para aliviar la pobreza del 80% de la población del mundo –en un planeta que tiene 2.500 millones de seres humanos con un ingreso de $2 por día– y que gaste 13 veces más ($1.300.000. 000.000) en armas y soldados.
Como lo dije esta mañana, no puede ser que América Latina se gaste $50.000 millones en armas y soldados. Yo me pregunto: ¿quién es el enemigo nuestro? El enemigo nuestro, presidente Correa, de esa desigualdad que usted apunta con mucha razón, es la falta de educación; es el analfabetismo; es que no gastamos en la salud de nuestro pueblo; que no creamos la infraestructura necesaria, los caminos, las carreteras, los puertos, los aeropuertos; que no estamos dedicando los recursos necesarios para detener la degradación del medio ambiente; es la desigualdad que tenemos, que realmente nos avergüenza; es producto, entre muchas cosas, por supuesto, de que no estamos educando a nuestros hijos y a nuestras hijas.
Uno va a una universidad latinoamericana y todavía parece que estamos en los sesenta, setenta u ochenta. Parece que se nos olvidó que el 9 de noviembre de 1989 pasó algo muy importante, al caer el Muro de Berlín, y que el mundo cambió. Tenemos que aceptar que este es un mundo distinto, y en eso francamente pienso que todos los académicos, que toda la gente de pensamiento, que todos los economistas, que todos los historiadores, casi que coinciden en que el siglo XXI es el siglo de los asiáticos, no de los latinoamericanos. Y yo, lamentablemente, coincido con ellos. Porque mientras nosotros seguimos discutiendo sobre ideologías, seguimos discutiendo sobre todos los “ismos” (¿cuál es el mejor? capitalismo, socialismo, comunismo, liberalismo, neoliberalismo, socialcristianismo. ..), los asiáticos encontraron un “ismo” muy realista para el siglo XXI y el final del siglo XX, que es el pragmatismo . Para solo citar un ejemplo, recordemos que cuando Deng Xiaoping visitó Singapur y Corea del Sur, después de haberse dado cuenta de que sus propios vecinos se estaban enriqueciendo de una manera muy acelerada, regresó a Pekín y dijo a los viejos camaradas maoístas que lo habían acompañado en la Larga Marcha: “Bueno, la verdad, queridos camaradas, es que mí no me importa si el gato es blanco o negro, lo único que me interesa es que cace ratones” . Y si hubiera estado vivo Mao, se hubiera muerto de nuevo cuando dijo que “la verdad es que enriquecerse es glorioso”. Y mientras los chinos hacen esto, y desde el 79 a hoy crecen a un 11%, 12% o 13%, y han sacado a 300 millones de habitantes de la pobreza, nosotros seguimos discutiendo sobre ideologías que tuvimos que haber enterrado hace mucho tiempo atrás.
La buena noticia es que esto lo logró Deng Xioping cuando tenía 74 años. Viendo alrededor, queridos Presidentes, no veo a nadie que esté cerca de los 74 años. Por eso solo les pido que no esperemos a cumplirlos para hacer los cambios que tenemos que hacer.
Muchas gracias.

Es ella, la secretaria

La que cuida, la que calla,

La que de todo conoce,

Y de todos los empleados

Ella es la que menos raya.


Su afán: La fidelidad,

Pues agota los recursos

Por ahorrarle al jefe un susto

De alguna calamidad.


Su ilusión:

Guardar secretos,

Pues si el jefe se sale

sin decir a dónde va,

Ella inventa fácilmente

una junta extraoficial,

O lo manda a Gran Bretaña

o aquí cerca: a Canadá.


Su problema: El que dirán,

Pues sabe lo que le afecta

Que digan de ella que es fácil

y que así la comprometan.


Su cualidad: Ser culpable,

Pues a veces hay llamadas

Que a su jefe no le agradan

Y sin pensarlo dos veces,

Dice: “perdón, es que mi jefe no estaba...”


Secretaria de “secreto”,

Profesional de “respeto”

Vigilante de “escritorio”

Y ganadora de concursos

Incluyendo el de Miss mundo

O ese de Miss Universo.



ARIANUSLOAS MEXICO
ESTE ES UN PEQUEÑO HOMENAJE A ESE GRUPO DE MUJERES QUE CON SU AMABLE SONRISA Y SU DISPOSICION A COLABORARNOS EN LO QUE MÁS SE PUEDA HOY CELEBRAN SU DÍA. ¡FELIZ DÍA DE LA SECRETARIA!
"Hijo espiritual" de Jacques Lacan, Jacques-Alain Miller explora a su vez la cuestión del amor que el padre del pensamiento psicoanalítico contemporáneo evocaba en 1973, en uno de sus más famosos seminarios "Aún" en El Seminario, vol XX (Seuil, "Essais", 1999). Es igualmente el fundador de la Escuela de la Causa Freudiana. Ultima obra aparecida Le secret des dieux (Navarin editores, 2005)
"Amamos a la persona que protege, o una imagen narcisista de uno mismo".
El amor se dirige a aquel que, pensamos, conoce nuestra verdad y nos ayuda a encontrarla soportable, explica Jacques-Alain Miller. Mirada de un psicoanalista sobre esta cuestión fundamental.
* * *
Psicologías: ¿El psicoanálisis enseña algo sobre el amor?
Jacques-Alain Miller: Mucho, pues es una experiencia cuyo resorte es el amor. Se trata de ese amor automático, y a menudo inconsciente, que el analizante dirige al analista, y que se llama la transferencia. Es un amor artificial, pero de la misma estofa que el amor verdadero. Saca a la luz su mecánica: el amor se dirige a aquel que usted piensa que conoce vuestra verdad verdadera. Pero el amor permite imaginar que esta verdad será amable, agradable, mientras que de hecho es muy difícil de soportar.
P.: ¿Entonces, qué es verdaderamente amar?
J-A Miller: Amar verdaderamente a alguien es creer que amándolo, se accederá a una verdad sobre sí mismo. Amamos a aquel o a aquella que esconde la respuesta, o una respuesta a nuestra pregunta: "¿Quién soy yo?"
P.: ¿Por qué algunos saben amar y otros no?
J-A Miller: Algunos saben provocar el amor en el otro, los serial lovers, si puedo decirlo, hombres y mujeres. Saben qué botones apretar para hacerse amar. Pero ellos no aman necesariamente, juegan más bien al gato y al ratón con sus presas. Para amar, hay que confesar su falta, y reconocer que se necesita al otro, que le falta. Aquellos que creen estar completos solos, o quieren estarlo, no saben amar. Y a veces, lo constatan dolorosamente. Manipulan, tiran de los hilos, pero no conocen del amor ni el riesgo ni las delicias.
P.: "Estar completo solo": solo un hombre puede creer eso…
J-A Miller: ¡Bien dicho! Amar, decía Lacan es dar lo que no se tiene. Lo que quiere decir: amar, es reconocer su falta y darla al otro, ubicarla en el otro. No es dar lo que se posee, bienes, regalos, es dar algo que no se posee, que va más allá de sí mismo. Para eso, hay que asumir su falta, su "castración", como decía Freud. Y esto, es esencialmente femenino. Solo se ama verdaderamente a partir de una posición femenina. Amar feminiza. Por eso el amor es siempre un poco cómico en un hombre. Pero si se deja intimidar por el ridículo, es que en realidad, no está muy seguro de su virilidad.
P.: ¿Sería más difícil amar para los hombres?
J-A Miller: ¡Oh sí! Incluso un hombre enamorado tiene retornos de orgullo, lo asalta la agresividad contra el objeto de su amor, porque este amor lo pone en una posición de incompletad, de dependencia. Por ello puede desear a mujeres que no ama, para reencontrar la posición viril que él pone en suspenso cuando ama. Freud llama a este principio la "degradación de la vida amorosa" en el hombre: la escisión del amor y del deseo.
P.: ¿Y en las mujeres?
J-A Miller: Es menos habitual. En el caso más frecuente, hay desdoblamiento del partenaire masculino. De un lado, está el amante que las hace gozar y que desean, pero está también el hombre del amor, que está feminizado profundamente castrado. Solo que no es la anatomía la que comanda: hay mujeres que adoptan una posición masculina, incluso las hay cada vez más. Un hombre para el amor, en la casa, y hombres para el goce, que se encuentran en Internet, en la calle, o en el tren…
P.: ¿Por qué cada vez más?
J-A Miller: Los estereotipos socioculturales de la feminidad y de la virilidad están en plena mutación. Los hombres son invitados a alojar sus emociones, a amar, a feminizarse; las mujeres conocen por el contrario un cierto "empuje al hombre": en nombre de la igualdad jurídica, se ven conducidas a repetir "yo también". Al mismo tiempo, los homosexuales reivindican los derechos y los símbolos de los héteros, como el matrimonio y la filiación. De allí que hay una gran inestabilidad de los roles, una fluidez generalizada del teatro del amor, que contrasta con la fijeza de antaño. El amor se vuelve "líquido" constata el sociólogo Zygmunt Bauman(1). Cada uno es conducido a inventar su propio "estilo de vida", y a asumir su modo de gozar y de amar. Los escenarios tradicionales caen en lento desuso. La presión social para adecuarse a ello no ha desaparecido, pero es baja.
P.: "El amor siempre es recíproco", decía Lacan. ¿Aún es verdadero en el contexto actual? ¿Qué significa eso?
J-A Miller: Se repite esta frase sin comprenderla, o se la comprende de través. No quiere decir que basta con amar a alguien para que él lo ame. Eso sería absurdo. Quiere decir:
"Si yo te amo, es que tú eres amable. Soy yo quien ama, pero tú, tú también estas implicado, puesto que hay en ti algo que hace que te ame. Es recíproco porque hay un ir
y venir: el amor que tengo por ti es el efecto de retorno de la causa de amor que tú eres para mí. Por lo tanto, algo tú tienes que ver. Mi amor por ti no es solo asunto mío, sino también tuyo. Mi amor dice algo de ti que quizá tú mismo no conozcas." Esto no asegura
en absoluto que al amor de uno responderá el amor del otro: cuando eso se produce siempre es del orden del milagro, no se puede calcular por anticipado.P.: No se encuentra a su cada uno o cada una por azar.
¿Por qué él? ¿Por qué ella?
J-A Miller: Existe lo que Freud llama Liebsbedingung, la condición de amor, la causa del deseo. Es un rasgo particular – o un conjunto de rasgos- que tiene en cada uno una función determinante en la elección amorosa. Esto escapa totalmente a las neurociencias, porque es propio de cada uno, tiene que ver con la historia singular e íntima. Rasgos a veces ínfimos están en juego. Freud, por ejemplo, había señalado como causa del deseo en uno de sus pacientes ¡un brillo de luz en la nariz de una mujer!
P.: Nos es difícil creer en un amor fundado sobre esas naderías.
J-A Miller: La realidad del inconciente supera a la ficción. Usted no tiene idea de todo lo que se funda, en la vida humana, y especialmente en el amor, en bagatelas, cabezas de alfiler, "divinos detalles". Es verdad que es sobretodo en el macho que encontramos tales causas del deseo, que son como fetiches cuya presencia es indispensable para desencadenar el proceso amoroso. Particularidades nimias, que recuerdan al padre, la madre, el hermano, la hermana, tal personaje de la infancia, juegan también su papel en la elección amorosa de las mujeres. Pero la forma femenina del amor es más erotómana que fetichista: quieren ser amadas, y el interés, el amor que se les manifiesta, o que suponen en el otro, es a menudo una condición sine qua non para desencadenar su amor, o al menos su consentimiento. El fenómeno está en la base de la conquista masculina.
P.: ¿Usted no le adjudica ningún papel a los fantasmas?
J-A Miller: En las mujeres, sean conscientes o inconscientes, son determinantes para la posición de goce más que para la elección amorosa. Y es a la inversa para los hombres.
Por ejemplo, ocurre que una mujer no pueda obtener el goce – digamos el orgasmo – sino a condición de imaginarse a sí misma durante el acto, siendo golpeada, violada, o siendo otra mujer, o incluso estando en otra parte, ausente.
P.: ¿Y el fantasma masculino?
J-A Miller: Está muy en evidencia en el enamoramiento. El ejemplo clásico, comentado por Lacan, está en la novela de Goethe (2), la súbita pasión del joven Werther por Charlotte, en el momento en que la ve por primera vez, alimentando a un grupo de niños que la rodea. Aquí es la cualidad maternal de la mujer lo que desencadena el amor. Otro ejemplo, tomado de mi práctica, es este: un jefe en la cincuentena recibe candidatas en un puesto de secretaria; una joven mujer de 20 años se presenta; le desencadena inmediatamente su fuego. Se pregunta lo que le pasó, entra en análisis.
Allí descubre el desencadenante: encontró en ella rasgos que le evocaban lo que él mismo era a los 20 años, cuando se prese ntó a su primera solicitud de trabajo, de algún modo se enamoró de sí mismo.
P.: ¡Se tiene la impresión de que somos marionetas!
J-A Miller: No, entre tal hombre y tal mujer, nada está escrito por anticipado, no hay brújula, no hay relación preestablecida. Su encuentro no está programado como el del espermatozoide y el del óvulo; nada que ver tampoco con los genes. Los hombres y las mujeres hablan, viven en un mundo de discurso, es eso lo que es determinante. Las modalidades del amor son ultrasensibles a la cultura ambiente. Cada civilización se distingue por el modo en que estructura su relación entre los sexos. Ahora, ocurre que en occidente, en nuestras sociedades, a la vez liberales mercantiles y jurídicas, lo "múltiple" está en camino de destronar el "uno". El modelo ideal de "gran amor para toda la vida" cede poco a poco el terreno ante el speed dating, el speed living y toda una profusión de escenarios amorosos alternativos, sucesivos, incluso simultáneos.
P.: ¿Y el amor en su duración?, ¿en la eternidad?
J-A Miller: Balzac decía: "Toda pasión que no se crea eterna es repugnante".(3) ¿Pero el vínculo puede mantenerse toda la vida en el registro de la pasión? Cuanto más un hombre se consagra a una sola mujer, más ella tiende a tomar para él una significación maternal: tanto más sublime e intocable cuanto más amada. Son los homosexuales casados lo que desarrollan mejor este culto de la mujer: Aragon canta su amor por Elsa: cuando muere, ¡buen día a los muchachos! Y cuando una mujer se apega a un solo hombre, lo castra. Por lo tanto, el camino es estrecho. El mejor destino del amor conyugal es la amistad, decía en esencia Aristóteles.
P.: El problema, es que los hombres dicen no comprender lo que quieren las mujeres, y
las mujeres, lo que los hombres esperan de ellas…
J-A Miller: Sí. Lo que es una objeción a la solución aristotélica, es que el diálogo de un sexo con el otro es imposible, suspiraba Lacan. Los enamorados están de hecho condenados a aprender indefinidamente la lengua del otro, a tientas, buscando las claves, siempre revocables. El amor, es un laberinto de malentendidos cuya salida no existe.
Es sabido, como dice Freud, que en broma se puede decir TODO, hasta la verdad. Los chistes permiten comunicar una verdad negada y que no nos es lícito reconocer como tal cuando es expuesta en serio y sin velos.
La pregunta es: Por qué se cuentan tantos chistes en relación al matrimonio?
Tal vez, hay alguna verdad no expuesta que precisa deslizarse de este modo?
Hay una anécdota graciosa y un tanto cínica que cita Freud en varias oportunidades y de la que Lacan hace un comentario en el seminario de la Lógica del Fantasma. La del marido que dice a su mujer:
«Cuando uno de nosotros muera, yo me iré a vivir a París.»
Entre las instituciones que el chiste cínico suele atacar, dice Freud, ninguna hay más importante ni más enérgicamente protegida por preceptos morales, pero tampoco ninguna invita más al ataque, que la del matrimonio, a la cual por lo demás se refieren la mayoría de los chistes cínicos.
Un matrimonio cumple 25 años de casados y la esposa le pregunta al marido:
- Mi amor que me vas a regalar para nuestras bodas de plata?
El tipo le responde:
- Un viaje a China.
La mujer sorprendida por la magnitud del regalo, le pregunta:
- Pero mi amor, si para los 25 años me regalas esto, que vas a hacer para cuando cumplamos los 50?
-Te voy a ir a buscar.
La sacralidad del matrimonio contraído, dice Freud, tolera mal que se le mencionen los procesos que llevaron a él.
Pero estos procesos no son acaso del orden de una libre elección individual?
Pero acaso, uno no entra libremente al matrimonio?, uno no elige libremente con quién se casa?
El tema de si uno entra libremente al matrimonio, o la libre elección del cónyuge, tiene un lugar en la historia, particularmente en la historia de Occidente, en la edad media.
Según lo que cuenta Georges Duby, en los siglo X, XI y XII, la sociedad se hallaba dominada por dos poderes, a veces concurrentes a veces complementarios, que respondían a distintos intereses y que aprisionaban, si podemos decir, al matrimonio entre el derecho y la religión.
De estos dos poderes se deducen dos modelos. Un modelo Laico y Un Modelo eclesiástico.
Es importante ubicar cuál es el imperativo que rige en el modelo laico.
Se trata de mantener de generación en generación el estado de una “casa”, quiere decir de un linaje. Esto incluye la definición de Patrimonio: El estado de una casa. Hay una vinculación entre Patrimonio y Matrimonio. Matrimonio: es el estado de la madre. La mujer es introducida en el pacto simbólico del matrimonio como objeto de intercambio entre los linajes, linajes fundamentalmente androcéntricos.
Entonces, el modelo laico se basa en la noción de herencia. Su papel consiste en asegurar a la descendencia una condición, “un rango” al menos igual al que disfrutaron los antepasados.
Como cosa seria que es, en tanto está en juego el patrimonio, el matrimonio es cosa de hombres. Todos los responsables del destino familiar, es decir los varones, quienes tienen aspiraciones sobre el patrimonio, consideran su derecho y su deber primordial, casar a los jóvenes y casarlos bien.
Esto implica ceder a las jóvenes, negociar lo mejor posible su poder de procreación y las ventajas que se supone deben transmitir a su progenitura.
Por otra parte ayudar a los varones jóvenes, principalmente al primogénito de la familia, a tomar mujer, a hacerlo en otra casa y a introducir a su esposa en la suya, en la que dejará de depender de los hombres de su familia es decir de su padre, sus hermanos o sus tíos, para someterse a su marido y donde cumplirá su principal función que es dar hijos al grupo de hombres que la recibe, que la vigila y que la domina.
Lo que precede en mucho tiempo a la consumación del matrimonio, es un acuerdo sumamente importante en aquella época feudal, toda una estrategia de cláusulas económicas que pretenden conjurar el riesgo de empobrecimiento que en una sociedad ruralizada corren los linajes cuando se vuelven prolíficos. Por lo cual, hay una propensión, conciente o no, a la endogamia, es decir a encontrar esposa entre la propia parentela, entre los herederos de un mismo patrimonio, cuya unión matrimonial tienda a unir los fragmentos dispersos más que a disociarlos aún más.
EL modelo religioso por su parte, tiene como labor incluir el matrimonio dentro de una empresa de dominación de las costumbres. De hecho es una época de profunda cristianización de la institución matrimonial. Se apoya en una premisa como esta:
Dado que, desgraciadamente los seres humanos no se reproducen como las abejas y que para ello deben copular y dado que entre las trampas que tiende el demonio, la peor de todas es el uso desmedido de los órganos sexuales, la iglesia admite el matrimonio como un mal menor, lo adopta y lo instituye a condición de que sirva para disciplinar la sexualidad, para luchar eficazmente contra la fornicación.
LA iglesia se esfuerza por rectificar las costumbres laicas en diversos aspectos. Cambia los límites de lo lícito y lo ilícito. Por un lado aumenta la parcela de libertad.
En realidad, el horror hacia lo carnal les incita a recalcar el compromiso de las almas, el Consensus , el intercambio espiritual.
Evidentemente, desde mediados del siglo XII la iglesia hizo admitir en la alta aristocracia, que el vínculo conyugal se establecerá mediante consentimiento mutuo, en todos los textos, se afirma este principio:
Aquella que un HOMBRE entrega en matrimonio a otro HOMBRE tiene algo que decir.
Hasta aquí, podría llegar la referencia que quería hacer respecto de la instalación de la idea del consentimiento mutuo en la historia del matrimonio.
Vuelvo, entonces, a las preguntas iniciales:
¿Es libre la elección en el matrimonio?
En el Seminario 4 Lacan dice que, la civilización actual, ha puesto en el centro de la institución matrimonial, en el lugar más destacado, la idea del consentimiento mutuo, al punto de considerar al matrimonio como fruto simbólico de este consentimiento. Nos creemos libres en nuestra elección conyugal, cualquiera puede casarse con cualquiera: Ilusión profunda aunque esté inscrita en las leyes. Esta ilusión ha hecho florecer, según sostiene Lacan, la confusión ideal, del amor y del conjugo, el amor y la ley.
La idea del amor que considera Lacan a esta altura de su enseñanza, es la idea freudiana del amor en tanto repetición. Más adelante Lacan complejiza su teoría del amor.
Para Freud, cuando amamos, no hacemos más que repetir, encontrar el objeto es siempre reencontrarlo. Todo objeto de amor, es sustitutivo de algún objeto fundamental, previo a la barrera del incesto.
Toda mujer que no está permitida está prohibida por la ley, dice Lacan. Cuando uno se casa elige entre las mujeres permitidas, las posibles. Por lo que Lacan deriva, que todo matrimonio lleva con él la castración.
Para el ser hablante, gracias a la intervención sancionadora de la castración, adquieren estabilidad en lo simbólico, los elementos imaginarios. Esto fija una constelación.
Ni siquiera la relación amorosa más ideal, la más motivada por las más profundas afinidades, deja de participar de esta estructura que deja abierta en lo más profundo de toda vida amorosa una problemática.
Toda elección sea cual sea, incluso instantánea de la elección individual en el interior de la ley, toda conjunción del amor y la ley, responde a esa constelación y por ende participa del incesto. No hay libre elección dentro de la ley. Quiero decir, puede haber elección, lo que no hay es Libre.
Al final del reportaje para la televisión belga en 1972, la periodista Françoise Wolff le pregunta a Lacan, qué puede decir finalmente el psicoanálisis acerca de la Libertad. Lacan, se ríe y responde:
-el término me hace reír,...Yo nunca hablé de Libertad.

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