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El informe del Barómetro Global de Felicidad, según el cual en Colombia vive la gente más feliz del mundo, fue cuestionado en Bogotá por el antropólogo y doctor en sociología Fabián Sanabria.
En entrevista con www.caracol.com.co, el doctor Sanabria dijo que es un estudio que metodológicamente no está bien hecho y del cual no se puede sacar la conclusión de que no hay un país igual de alegre a Colombia.
Aseguró que si se obtuvo este resultado es porque la gente tiende a ser muy conformista y a no preocuparse por los grandes problemas del diario vivir, como las inundaciones en Barranquilla o las basuras en Bogotá.

¿POR QUÉ CARAJOS SOMOS FELICES?

Camilo Herrera Mora
Presidente Raddar
camiloherrera@raddar.net


RESUMEN EJECUTIVO

En las investigaciones sobre felicidad en los últimos 10 años, Colombia siempre queda listado entre los diez primeros países, cambiando de posición solamente por la metodología que se utilice. Esto nos lleva a hacernos dos preguntas fundamentales, ¿Por qué somos tan felices?, y la segunda, ¿esto de que nos sirve?

La economía desde mediados de los setentas hasta la semana pasada con el lanzamiento de “Gross National Happines” dejo ver que tiene una deuda, porque las mediciones de bienestar tradicionales se han quedado cortas en explicar situaciones como por qué algunos los pobres son felices y algunos ricos son desdichados.

Sin duda, el dinero no hace la felicidad, pero entonces, ¿a que llama la gente felicidad?, esta es la pregunta clave para comenzar con este debate. Al parecer la felicidad para las personas es un estado de tranquilidad y para otros un escenario de cumplimientos de metas; esto nos muestra la diferencia de percepción sobre esta emoción, más ambos tienen en común que la felicidad es un estado de calma y plenitud ante la satisfacción por un logro.
¡Contamos Contigo!
Encuesta del Grupo de Observación para el Desarrollo del Ocio Cultural de la Facultad de Salud de la Universidad Surcolombiana. El Ocio Cultural No Se Impone, El Ocio Cultural se Disfruta en Compañía

Para Disfrutar de Salud, Vida y Alegria en Tu Tiempo Libre

Teatro, ajedrez, deportes, tertulias, cuenteros, canto, música, cine, cine club, gimnasio, aeróbicos, murales, pintura, danzas, derechos humanos, comunicación social, bilingüismo y lo que yo, tu, él, nosotros, vosotros y ellos nos inventemos para pasarla rico y sanamente.
Sr. Presidente de la República

Tengo la impresión de que cada vez que los países caribeños y latinoamericanos se reúnen con el presidente de los Estados Unidos de América, es para pedirle cosas o para reclamarle cosas. Casi siempre, es para culpar a Estados Unidos de nuestros males pasados, presentes y futuros. No creo que eso sea del todo justo.
No podemos olvidar que América Latina tuvo universidades antes de que Estados Unidos creara Harvard y William & Mary, que son las primeras universidades de ese país. No podemos olvidar que en este continente, como en el mundo entero, por lo menos hasta 1750, todos los americanos eran más o menos iguales: todos eran pobres.
Cuando aparece la Revolución Industrial en Inglaterra, otros países se montan en ese vagón: Alemania, Francia, Estados Unidos, Canadá, Australia, Nueva Zelanda… y así la Revolución Industrial pasó por América Latina como un cometa, y no nos dimos cuenta. Ciertamente perdimos la oportunidad.
También hay una diferencia muy grande. Leyendo la historia de América Latina, comparada con la historia de Estados Unidos, uno comprende que Latinoamérica no tuvo un John Winthrop español, ni portugués, que viniera con la Biblia en su mano dispuesto a construir “una Ciudad sobre una Colina”, una ciudad que brillara, como fue la pretensión de los peregrinos que llegaron a Estados Unidos.
Hace 50 años, México era más rico que Portugal. En 1950, un país como Brasil tenía un ingreso per cápita más elevado que el de Corea del Sur. Hace 60 años, Honduras tenía más riqueza per cápita que Singapur, y hoy Singapur –en cuestión de 35 ó 40 años– es un país con $40.000 de ingreso anual por habitante. Bueno, algo hicimos mal los latinoamericanos.
¿Qué hicimos mal? No puedo enumerar todas las cosas que hemos hecho mal. Para comenzar, tenemos una escolaridad de 7 años. Esa es la escolaridad promedio de América Latina y no es el caso de la mayoría de los países asiáticos. Ciertamente no es el caso de países como Estados Unidos y Canadá, con la mejor educación del mundo, similar a la de los europeos. De cada 10 estudiantes que ingresan a la secundaria en América Latina, en algunos países sólo uno termina esa secundaria. Hay países que tienen una mortalidad infantil de 50 niños por cada mil, cuando el promedio en los países asiáticos más avanzados es de 8, 9 ó 10.
Nosotros tenemos países donde la carga tributaria es del 12% del producto interno bruto, y no es responsabilidad de nadie, excepto la nuestra, que no le cobremos dinero a la gente más rica de nuestros países. Nadie tiene la culpa de eso, excepto nosotros mismos.
En 1950, cada ciudadano norteamericano era cuatro veces más rico que un ciudadano latinoamericano. Hoy en día, un ciudadano norteamericano es 10, 15 ó 20 veces más rico que un latinoamericano. Eso no es culpa de Estados Unidos, es culpa nuestra.
En mi intervención de esta mañana, me referí a un hecho que para mí es grotesco, y que lo único que demuestra es que el sistema de valores del siglo XX, que parece ser el que estamos poniendo en práctica también en el siglo XXI, es un sistema de valores equivocado. Porque no puede ser que el mundo rico dedique 100.000 millones de dólares para aliviar la pobreza del 80% de la población del mundo –en un planeta que tiene 2.500 millones de seres humanos con un ingreso de $2 por día– y que gaste 13 veces más ($1.300.000. 000.000) en armas y soldados.
Como lo dije esta mañana, no puede ser que América Latina se gaste $50.000 millones en armas y soldados. Yo me pregunto: ¿quién es el enemigo nuestro? El enemigo nuestro, presidente Correa, de esa desigualdad que usted apunta con mucha razón, es la falta de educación; es el analfabetismo; es que no gastamos en la salud de nuestro pueblo; que no creamos la infraestructura necesaria, los caminos, las carreteras, los puertos, los aeropuertos; que no estamos dedicando los recursos necesarios para detener la degradación del medio ambiente; es la desigualdad que tenemos, que realmente nos avergüenza; es producto, entre muchas cosas, por supuesto, de que no estamos educando a nuestros hijos y a nuestras hijas.
Uno va a una universidad latinoamericana y todavía parece que estamos en los sesenta, setenta u ochenta. Parece que se nos olvidó que el 9 de noviembre de 1989 pasó algo muy importante, al caer el Muro de Berlín, y que el mundo cambió. Tenemos que aceptar que este es un mundo distinto, y en eso francamente pienso que todos los académicos, que toda la gente de pensamiento, que todos los economistas, que todos los historiadores, casi que coinciden en que el siglo XXI es el siglo de los asiáticos, no de los latinoamericanos. Y yo, lamentablemente, coincido con ellos. Porque mientras nosotros seguimos discutiendo sobre ideologías, seguimos discutiendo sobre todos los “ismos” (¿cuál es el mejor? capitalismo, socialismo, comunismo, liberalismo, neoliberalismo, socialcristianismo. ..), los asiáticos encontraron un “ismo” muy realista para el siglo XXI y el final del siglo XX, que es el pragmatismo . Para solo citar un ejemplo, recordemos que cuando Deng Xiaoping visitó Singapur y Corea del Sur, después de haberse dado cuenta de que sus propios vecinos se estaban enriqueciendo de una manera muy acelerada, regresó a Pekín y dijo a los viejos camaradas maoístas que lo habían acompañado en la Larga Marcha: “Bueno, la verdad, queridos camaradas, es que mí no me importa si el gato es blanco o negro, lo único que me interesa es que cace ratones” . Y si hubiera estado vivo Mao, se hubiera muerto de nuevo cuando dijo que “la verdad es que enriquecerse es glorioso”. Y mientras los chinos hacen esto, y desde el 79 a hoy crecen a un 11%, 12% o 13%, y han sacado a 300 millones de habitantes de la pobreza, nosotros seguimos discutiendo sobre ideologías que tuvimos que haber enterrado hace mucho tiempo atrás.
La buena noticia es que esto lo logró Deng Xioping cuando tenía 74 años. Viendo alrededor, queridos Presidentes, no veo a nadie que esté cerca de los 74 años. Por eso solo les pido que no esperemos a cumplirlos para hacer los cambios que tenemos que hacer.
Muchas gracias.

Es ella, la secretaria

La que cuida, la que calla,

La que de todo conoce,

Y de todos los empleados

Ella es la que menos raya.


Su afán: La fidelidad,

Pues agota los recursos

Por ahorrarle al jefe un susto

De alguna calamidad.


Su ilusión:

Guardar secretos,

Pues si el jefe se sale

sin decir a dónde va,

Ella inventa fácilmente

una junta extraoficial,

O lo manda a Gran Bretaña

o aquí cerca: a Canadá.


Su problema: El que dirán,

Pues sabe lo que le afecta

Que digan de ella que es fácil

y que así la comprometan.


Su cualidad: Ser culpable,

Pues a veces hay llamadas

Que a su jefe no le agradan

Y sin pensarlo dos veces,

Dice: “perdón, es que mi jefe no estaba...”


Secretaria de “secreto”,

Profesional de “respeto”

Vigilante de “escritorio”

Y ganadora de concursos

Incluyendo el de Miss mundo

O ese de Miss Universo.



ARIANUSLOAS MEXICO
ESTE ES UN PEQUEÑO HOMENAJE A ESE GRUPO DE MUJERES QUE CON SU AMABLE SONRISA Y SU DISPOSICION A COLABORARNOS EN LO QUE MÁS SE PUEDA HOY CELEBRAN SU DÍA. ¡FELIZ DÍA DE LA SECRETARIA!

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